La guerra entre Valdés y Ricardo se refleja en el territorio

La UCR intenta mostrarse unida. Sin embargo, el titular de la fuerza mantiene un pleito de larga data con el Gobernador. De todas las reyertas que hay en la provincia, hay tres (o cuatro, según algunas versiones) que reflejan el nivel de tensión dentro del oficialismo. Goya, Ituzaingó y Mercedes ofrecen una muestra cabal de la belicosidad latente. En la órbita valdesista hay quienes aseguran que el mercedeño también estuvo detrás del portazo de Canteros para debilitar la oferta ungida por el ituzaingueño para la ciudad de Corrientes. Un berenjenal correligionario que tiene a los aliados y a la oposición comiendo pochoclos. A los primeros, se les revuelve el estómago. A los otros, les cae más que bien.

Invalid PDF structure
Solicitadas aquí y allá. Documentos plagados de nombres detrás de un seudónimo electoral denominado Vamos Corrientes que se ensaya desde el Gobierno. Todos apoyando la reelección de Valdés. Sin embargo, en los hechos la realidad es otra. Son varios los territorios en conflicto debido a una pelea explícita entre el Gobernador y Ricardo Colombi.
Ambos referentes de Encuentro por Corrientes y del radicalismo vernáculo comenzaron con chicanas de cabotaje. El mercedeño habría sido el que disparó primero. Eligió como blanco nada menos que el terruño de Valdés. Después eligió la «Petit» París para desembarcar, con un grupo de avanzada que padeció los impactos. El valdesismo aplicó una contraofensiva y lo hizo con una devolución de gentilezas: invadió el Paiubre.

«CAPITAL
DE LA ENERGÍA»

Ituzaingó fue la cabecera de playa de una avanzada ricardista tendiente a mostrarle al mandatario provincial y a sus acólitos que aún tiene resto como para sostener el timón de mando del poder local. «No me van a jubilar», dijo meses atrás en varias entrevistas periodísticas, como anticipando la declaración de guerra. «El que avisa no traiciona», reza el dicho popular. Y en ello se habría basado el Senador provincial.
Luego de su reclamo, Colombi lanzó munición gruesa en Ituzaingó. Su teniente de operaciones fue el intendente, Eduardo Burna, quien se plantó ante la iniciativa del Gobernador de instalar a su hermano, Juan Pablo Valdés como candidato a Jefe comunal de la «Capital de la Energía».
Desde hace meses, las batallas se replican con diferentes modalidades. Los estallidos continúan.

EN LA SEGUNDA
MÁS GRANDE

La segunda embestida del ricardismo tuvo lugar en Goya. Allí, también Valdés tuvo que soportar la avanzada «enemiga» luego de ungir a un candidato mocionado por Osella, el caso de Mariano Hormaechea. Colombi nombró como capitán de la tropa a Raúl Martínez, un soldado radical conocedor de la «Petit» París correntina. Éste se expuso manifestándose como precandidato para competir contra el Secretario de Desarrollo Humano de la Municipalidad.
Martínez no salió ileso. La artillería valdesista, dirigida por el propio mandatario provincial, repercutió en la continuidad de su cargo al frente del Zonal. Fue «renunciado». «En estos tiempos de pandemia, o se es director de hospital o candidato. Las dos cosas no se pueden», fue el planteo que derrumbó la estrategia de Ricardo.

EN EL FANGO
DEL PAIUBRE

Tras dos batallas en las que se vio obligado a defenderse, Valdés decidió atacar. Como estratega implacable, eligió entrar a Mercedes. Sí, al terruño del Presidente de la UCR de Corrientes. Y para esta contraofensiva, el Gobernador convocó a un viejo combatiente que ya supo librar una guerra de guerrillas con Ricardo: Víctor Cemborain.
Un aguerrido líder de pelotón que no le teme a nada. Acompañado de su esposa y ex intendenta, Elvira Sánchez fue a coordinar el plan bélico con el titular del Ejecutivo provincial.
Por estos días, Cemborain instala su cuartel general a la espera de un ataque con un arsenal que promete dar qué hablar.

LA TEORÍA
CAPITALINA

No son pocos los que reconocen por lo bajo que el conflicto se originó en la Capital y por la Capital. Se dio primero con una «guerra fría» que derivó en una sucesión de hechos pocos cordiales que implosionaron en la UCR.
En el bando valdesista, hay quienes aseguran que el desplante de Gustavo Canteros fue orquestado en las oficinas de Colombi, de calle Buenos Aires. El Vicegobernador sirvió de globo de ensayo para otear la cabecera de playa que el Gobernador venía armando con Tassano como capitán. Después, Canteros observó que su general lo dejó en soledad, que sólo sirvió de vigía.
Más allá de que el titular del Senado ya se animó a cruzar el Rubicón, muchos de los radicales que se instalaron a favor de Valdés sostienen que todo fue culpa de Ricardo y que de allí la cosa pasó a mayores, con las batallas territoriales que todavía se libran.

Por JM para Diario El Libertador