Mercado de granos: el consumidor

El consumidor es el verdadero motor que tracciona la cadena agroindustrial. Desde el INTA Las Rosas, apuntes para replantear líneas de acción en el Agregado de Valor del mercado porcino.
El informe de oferta y demanda de granos publicado por el USDA el pasado martes 12 de julio, replicó en sus tablas el recorte de producción y exportación de maíz 15/16 anunciado para Brasil a través de la Compañía Nacional de Abastecimiento (CONAB) de ese país.
Brasil, entonces, recortó sus exportaciones en 4 millones de toneladas, quedando en 18,5 MM de TN y Argentina aumento 1 millón de toneladas respecto a lo proyectado en junio, quedando en 19 MM de TN. Esta reducción llevó nuevamente a la Argentina a ocupar el segundo puesto como exportadora de maíz en el mundo, después de Estados Unidos que ocupa el primero con más de 48 MM de TN de exportación.
Ser los segundos exportadores de maíz en el mundo nos vuelve a la siguiente pregunta: ¿por qué exportar casi el 70% de la producción nacional de maíz? La respuesta está en el bajo nivel de agregado de valor de nuestros granos.
Vayamos a una de las cadenas más vinculadas al agregado de valor de maíz, la producción porcina, que atraviesa un momento muy delicado a partir del aumento del precio local de este grano.
La Asociación Argentina de Productores Porcinos publicó en su página web puntos fundamentales de acción para fortalecer este sector, entre los que se encuentran: regular las importaciones de carne de cerdo al país, promocionar el consumo local de carne de cerdo y apoyar iniciativas asociativas entre pequeños productores.
Apoyar iniciativas asociativas entre pequeños productores se relaciona con elevar niveles de eficiencia en establecimientos chicos, mejorando su productividad.
Datos estadísticos aportados por esta asociación muestran el alto porcentaje de establecimientos de baja eficiencia, que normalmente coinciden con establecimientos chicos con muy poco aporte a la faena; contrariamente a estos datos, existe un alto aporte a la faena nacional de parte de establecimientos de alta eficiencia, que normalmente coinciden con establecimientos grandes, representando estos el 2,3% del total de establecimientos del país.
Se observa, además, la gran cantidad de madres productoras porcinas tanto en establecimientos de baja como de mediana eficiencia, y esto nos lleva a preguntar cuál es el potencial productivo que podría alcanzarse, de aumentar la eficiencia en estos numerosos establecimientos.
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Entrar en esa área implica procesos de diagnóstico y aprendizaje, ajustes en la adopción tecnológica y de manejo. Suponiendo que los establecimientos de baja y mediana eficiencia alcanzaran los niveles productivos de alta eficiencia, el resultado sería un aumento en la producción nacional de al menos un tercio por encima de lo que hoy se produce, aproximadamente 300.000 toneladas más, superando los niveles productivos por encima de los 900.000 toneladas. Esto aumentaría el consumo de maíz local entre 600 y 700 mil toneladas, y nos quitaría el segundo puesto de exportadores pero nos agregaría valor puertas adentro.
Si nos vamos a otro de los puntos claves mencionados, como promocionar el consumo local de carne de cerdo, surge la típica frase “hábitos de consumo”, dado que, contrariamente a la mayor parte del mundo, Argentina consume principalmente carne bovina y en tercer lugar carne porcina, quedando la carne de pollo en segundo lugar.
En el siguiente gráfico puede verse la evolución de hábitos de consumo de carne bovina versus porcina en los últimos 14 años.
Se observa que se redujo el consumo de carne bovina más del 6%, y en el mismo tiempo el consumo de carne porcina subió el 130%. Sin embargo, la distancia entre ambos consumos sigue siendo muy grande y nos preguntamos qué impacto tendría acelerar el crecimiento del consumo de carne porcina a través de campañas publicitarias y diversas técnicas de marketing, regulación de precios, etc.
Suponiendo un incremento en el consumo por habitante por año a 15 kilos, se necesitaría aumentar la producción al menos en 200 mil toneladas por encima de lo que hoy se produce, lo que motivaría a los establecimientos menos eficientes a buscar alternativas que los lleven a elevar su participación en el mercado.
Por último, en lo que respecta a la regulación de las importaciones, es fundamental el apoyo de políticas sectoriales que protejan el desarrollo de economías regionales. Un avance local en la competitividad tecnológica y organizacional del sector debilita el impacto de competidores externos, lo que nos compromete a seguir trabajando en los dos puntos anteriores mientras se gestionan las respuestas en este último.
Conclusiones: poniendo las posibilidades en una balanza, ajustar las variables tecnológicas para mejorar la productividad tranqueras adentro, es un trabajo que debe hacerse permanentemente en pos de ganar competitividad productiva.
Sin embargo, debe ponerse especial atención a la fuerza que ejerce la demanda sobre la cadena, buscando mejorar la competitividad comercial de la carne porcina, que podría brindar respuestas efectivas a la hora de impulsar el crecimiento de este sector.
Fuente: INTA:Por: Marianela Sabrina DE EMILIO

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