Ganados y Carnes: El atroz encanto de administrar expectativas y prudencia

Las señales que alimentan la esperanza del sector (ganados y carnes) existen, pero no deberían perderse de vista la coyuntura, las características estacionales de la actividad, y el riesgo implícito inherente a un negocio fuertemente dependiente de una demanda aún concentrada (93%) en la suerte del mercado local, que por cierto, si bien aún se muestra reacio a resignar consumo de carne bovina en su dieta, encuentra ciertamente amenazada su economía y poder de compra de corto plazo por decisiones macroeconómicas racionalmente válidas, pero que en lo político exigen un fino equilibrio,  pues no resultan estériles desde el punto de vista social.

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Resulta fundamental destacar entre lo pronosticado en artículos previos y que la actualidad ya convalidó,  la convergencia esperada en la restricción de hacienda gorda para marzo/abril y la mayor oferta de invernada como consecuencia de la zafra de terneros  propia de la actividad para la época, situación que claramente operó en los últimos días como dinamizante en el recupero del precio del gordo (promedio Novillitos $30,3/kg), así como también morigerando posibles  burbujas ascendentes en el precio de la invernada (promedio ternero 180/200kg en $33,5/kg) que también por expectativas y ciertos cambios de paradigmas racionalizó su oferta producto de la aparición, para muchos productores, de una alternativa económicamente viable como la recría .

En lo que respecta a la oferta de hacienda gorda, su restricción se viene exacerbando producto de una fuerte contracción de la faena de hembras (actualmente en 40%) atribuible a una clara retención de vientres que refleja la intención del sector de recomposición de su stock, e intrínsecamente la premisa ya sugerida de expectativas fuertemente fundadas en la esperanza futura y una visión de negocio positiva percibidas en dicho horizonte por el sector.  Asimismo, no sería justo omitir entre las contribuciones aportadas por medidas de carácter político, la revalorización del cuero producto de las correcciones de tipo de cambio, que consecuentemente impactó en el recupero percibido por el sector de faena por la venta de sus subproductos, pasando de valores prácticamente inexistentes a valores actuales que oscilan, según sean las dimensiones de la faena, entre $0,5 y $1,2/kg en gancho.

Por otro lado, nos resulta interesante destacar como positivo, que los efectos en las expectativas no solo impactaron en los precios de la hacienda, sino también, aunque sus consecuencias se adviertan con menor celeridad, en la reconfiguración del stock y en la revisión de determinados paradigmas productivos que empiezan a girar sus matrices hacia la idea de producción de animales más pesados, con una mayor participación de la recría y la invernada a pasto, así como de una  aparente tendencia a una concentración y focalización del engorde a corral en animales que ingresan a los mismos con mayor cantidad de kilos. Entendemos dicha observación como consecuencia de expectativas bien fundadas de una oferta que advierte oportunidades en el mediano plazo propiciadas por una demanda internacional de nuestras carnes, para lo que habrá que incrementar la eficiencia productiva de nuestro stock (mayor peso promedio de faena) así como también satisfacer los requerimientos de calidad valorados por el pretendido mercado (novillos pesados). En dicha línea resulta importante destacar que analistas especializados del sector ya advirtieron como positivo que el peso medio por animal faenado, que en la actualidad asciende a 227 kgs., hoy se encuentra 4,1% por encima del promedio verificado durante un par de años atrás.

Para concluir, si bien los números actuales se fundan y consolidan en base a expectativas válidas y alentadoras, entendemos que para romper los límites impuestos por nuestras propias respuestas espasmódicas y pendulares de crecimiento y retroceso, furor y frustraciones constantes que como sector y como sociedad no nos permiten desarrollarnos, resulta fundamental el sentido de prudencia para no retroalimentar burbujas que soslayen el riesgo intrínseco que subyace en decisiones presentes sustentadas en premisas esperanzadas que el sector considera ya dadas.

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